¿CÓMO EL FUEGO Y LA PIEDRA CAMBIARON AL SER HUMANO?✨aulamedia Historia



Economía y organización social del Paleolítico: Los orígenes de la humanidad

Imagina despertar en un mundo completamente distinto. No existen ciudades, casas ni caminos; solo planicies interminables, bosques y manadas de animales salvajes. Este es el Paleolítico, la etapa más larga de la historia humana, que comenzó hace unos 2,5 millones de años y se extendió hasta aproximadamente el 10 000 a.C. Durante este periodo, los primeros seres humanos aprendieron a sobrevivir en un entorno hostil, desarrollando estrategias, herramientas y formas de cooperación que sentarían las bases de nuestra civilización.

La economía del Paleolítico era esencialmente de subsistencia. Los humanos no cultivaban ni domesticaban animales; vivían de lo que la naturaleza ofrecía: frutos silvestres, raíces, huevos, peces y animales cazados o carroñados. Aunque algunos arqueólogos la llaman “economía parasitaria”, esto no significa que fuera simple. Cada alimento requería conocimiento, estrategia y cooperación. Las mujeres recolectaban frutos, raíces y pequeños animales, mientras los hombres se encargaban de la caza mayor. Sin embargo, ambos roles eran igualmente esenciales: se estima que la recolección aportaba cerca del 70% de la dieta diaria. La caza y la pesca complementaban los recursos, y el descubrimiento del fuego transformó radicalmente la vida: permitió cocinar alimentos, brindar calor, protección y un lugar para reunirse, convirtiéndose en el centro de la vida social.

El nomadismo fue una característica clave de la economía paleolítica. Los grupos se desplazaban constantemente para aprovechar los recursos de distintas regiones, siguiendo las estaciones y evitando agotar la naturaleza. No existía propiedad privada; la tierra, los bosques y los ríos eran compartidos, y los recursos se distribuían entre todos. Esta movilidad y reparto equitativo fomentaron una organización social basada en la cooperación y la igualdad.

Las bandas paleolíticas, generalmente formadas por 20 a 30 personas, eran el núcleo de la vida social. Estas pequeñas comunidades, unidas por lazos de parentesco, establecían reglas no escritas: compartir la comida, proteger a los niños y ancianos, y cuidar a los enfermos. La cooperación era fundamental, especialmente en la caza de animales grandes como los mamuts, que requería coordinación y estrategia. Con el tiempo, varias bandas se unieron en clanes, reforzando vínculos mediante rituales, cultos a tótems y creencias compartidas, lo que fortalecía la identidad colectiva y la cohesión social.

El Paleolítico no solo fue un periodo de supervivencia, sino también de innovación. Las herramientas de piedra evolucionaron desde simples lascas hasta bifaces y raspadores especializados, y el uso de materiales como hueso, madera y marfil permitió a los humanos mejorar la eficiencia en la caza y recolección. Estas innovaciones tecnológicas contribuyeron a la estabilidad de las bandas y al desarrollo de pensamiento simbólico, que se expresó en el arte rupestre y en rituales funerarios, reflejando una conciencia espiritual incipiente.

En conclusión, la economía y la organización social del Paleolítico fueron fundamentales para la supervivencia y evolución de la humanidad. La cooperación, la igualdad y la creatividad fueron las verdaderas herramientas que permitieron a nuestros antepasados adaptarse a un mundo salvaje y sentar las bases de la sociedad moderna. El Paleolítico nos recuerda que la humanidad no se mide por lo que poseemos, sino por nuestra capacidad de compartir, colaborar y soñar juntos.